Relato recuperado (17) – Tab Boutique

Por ejemplo: Hay dos clases de personas dentro de las que están «dispuestas a ayudar». Esto es algo que intuyes si has acudido a las suficientes reuniones sociales. Están las que echan una mano por simple y llano altruismo y buena intención, y luego están las que lo hacen para apuntarse un tanto (entre otras cosas). En el primer grupo no es que haya mucha gente en general; en el segundo, suele haber más mujeres que hombres (aunque ya haya también muchos hombres).
Es una situación típica. Cenas con diez o doce personas en casa de alguien.
Luego llega el momento en que hay que recoger la mesa, quizá hasta lavar platos si no eran de plástico, vaya, restablecer en definitiva el paisaje estándar del salón y la cocina. Y a menudo surge esa situación en la que, de repente, después de los cafés, tienes que ver la escena de una o dos mujeres peleándose por ser ellas las que solucionarán el estropicio pos-cena. Se regaña con “mano firme” a la anfitriona o anfitrión, y se le dice algo como: «no-no-no-no-no, déjame que ya recojo yo». A lo que la anfitriona o anfitrión responde algo como: «no-no-no-no-no, tú eres la invitada». Una vez llegados a este punto (ese diálogo de mierda se puede alargar hasta el absurdo), la persona que sólo quería ayudar, acaba cediendo; pero la que en realidad quiere quedar siempre como alguien amable sí o sí (aunque en ocasiones sólo quede como una histérica irritante), no cede, y se dispone enseguida bolsa de basura en mano a recoger envoltorios y restos de comida, ante el gesto de circunstancias del anfitrión o anfitriona (que se suponía era quien ofrecía la cena y por tanto se encargaría de los pormenores de la misma; lo cual no quiere decir que no pueda aceptar ayuda, pero quizá no tenga por qué aguantar ninguna actitud muchas veces desagradablemente “dadivosa”)
Normalmente se puede detectar rápido a las personas que son así, a las histéricas. Y es que muy fácilmente, con el tiempo (a veces sólo es cuestión de minutos), acusarán a otros invitados a ese tipo de reuniones de no haber movido nunca un dedo para ayudar; para después muy probablemente criticar al anfitrión o anfitriona básicamente por el mero hecho de estar vivo y en otra habitación. Es el tipo de histéricas de la vida que suelen convertirse en un clon de sus madres. Igual de “buenas vecinas”, igual de “entregadas”, machistas, hipócritas y falsamente modernas.
La desconcertante diferencia crucial, es que algunas de esas tías ahora incluso han estudiado carreras; y ni aun así parecen ningún tipo de mujer más avanzada o lúcida (excepto quizá al vestir).
Todo forma parte de cierta clase de familiaridad forzada, cierta clase de actitudes ya muy rancias que siguen muy presentes en muchos círculos sociales.

Por supuesto, esa clase de tía casi siempre tiene una relación aparentemente estable, y le chifla hablar de sus cosas de pareja; le encanta criticar a su novio –en su presencia– por hacer esto o no hacer aquello. Pero en el fondo se vislumbra en su actitud una especie de conformismo (a veces escalofriántemente complaciente para ella), una especie de aceptación gilipollas de ideas preconcebidas de que los hombres son así y las mujeres asá (indefectiblemente), y que por tanto su pareja tiene derecho a ser mediocre en según que aspectos porque el pobre no lo puede remediar; lo cual a ella, como digo, le gusta de algún modo, porque según esa “lógica”, todo eso no hace más que confirmar que está conviviendo con un hombre de verdad (macho, etc.).
Es entonces cuando sonríe como su madre, hace que no con la cabeza de un modo cómicamente resignado, y le da un sonoro beso al novio para celebrar ante los demás toda esa supuesta felicidad conyugal tan bien trabajada.
Nada es raro, nada parece fuera de lugar. Y por tanto, nada cambia.

En su ensayo Más allá de la Guía Tab, Jonathan S. Cuthbert le dedicó todo un capítulo a ese tipo de personas. Esas personas que se limitan a coger el testigo de sus padres para hacer de su vida exactamente lo mismo con envoltorios distintos. Muchas veces, según Cuthbert, esas actitudes no son genuinas, en el sentido de que la persona que las lleva a cabo no siempre es así, sólo lo es por apariencia, y por lo tanto sufre. Recordemos que, a menudo, las nuevas generaciones tienen más preparación, una visión más amplia del mundo; con lo cual, para ellos ceñirse a ciertos comportamientos comporta el hecho de tener que limitarse de alguna manera. Frenar la imaginación, las ideas, o hasta ciertos planes para ser más sinceros consigo mismos.
Y sólo para que la posibilidad de ser únicos no les margine.
Y desde ahí, en muchas más ocasiones de las que reflejan a veces los medios, se llega al suicidio.
Es la clase de suicidio menos habitual, pero espera.
Espera a los anuncios.
Esa amiga tuya que se pelea por una bolsa de basura después de una cena, podría estar a un paso de cortarse las venas. En este caso también se llama fuerza de voluntad; si eres capaz de pasarte treinta o cuarenta años fingiendo ser algo que no eres, la idea de la muerte no es gran cosa, no vas a ponerte especialito con eso.
Aunque sólo sea de un modo más bien patético, eres lo suficientemente valiente.

Mucha gente cree que a “Oscuridad Interrogante” se le fue de las manos el asunto; la editorial de la Guia Tab (popular mamotreto sobre el suicidio), se asoció con cierta gran marca de cosméticos para dar vida a las llamadas Tab Boutiques. Tiendas dedicadas a la venta de utensilios útiles si tu plan es abordar tu muerte voluntaria con éxito.
El departamento de márketing no dudó en enfocar su campaña tal y como se haría con cualquier otro producto:
¿Has llegado a los cuarenta y sigues solo o sola debido a tu físico? ¿No tienes amigos? ¿Tu trabajo te está haciendo la vida imposible y ya no tienes fuerzas para cambiar el rumbo? ¿Has perdido a tu familia en un accidente? ¿Tu mujer y tu bebé perecieron en el parto?
En Tab Boutique tenemos lo que necesitas.
Obviamente la campaña iba dirigida al target suicida habitual. Pero lo cierto es que el suicidio no es exigente. No le tienes que dar muchas explicaciones. Es gratis (al menos para ti).
Pero en serio, ¿te han diagnosticado una enfermedad terminal? ¿Tu silla de ruedas ha dejado de convencerte? ¿Eres deforme pero dolorosamente lúcido? ¿Sufres de insoportables dolores crónicos?

Las dependientas de las Tab Boutiques visten y te sonríen como azafatas de vuelo. Y todas son atractivas. No hay ningún hombre para venderte cuchillas de afeitar especiales adaptadas a la muñeca de un adulto. Todas las chicas van de rojo, llevan un sombrero cuyo tocado son las iniciales TB en cursiva, grotescamente grandes. Si tienes alguna duda, acudes a una de las chicas. ¿Cuál es la cuerda más resistente?, ¿algo para seccionar la aorta sin tener que ver mucho rato el estropicio de después?
Acompáñeme al pasillo de metales.
Las secciones más transitadas son: Fuego, Metales y Oxígeno.
Y los anuncios siguen emitiéndose a todas horas por la tele, en cualquier franja horaria.
¿En serio vas a poner el coche en marcha para ponerte a esperar dentro del garaje?
No seas tacaño con tu suicidio.
Las jefas de sección en las Tab Boutiques siempre son también mujeres, pero de más edad, y también atractivas. Son las popularmente llamadas MILFitas del Tab. Las dependientas son las oficialmente denominadas: Tabettes.
Venga por aquí, le enseñaré lo nuevo en auto-asfixia no-erótica; lo bueno es que no tendrá que preocuparse por pagar a plazos, como sabe.
Algunos anuncios te tratan de usted.
¿Quiere saber lo que es un negocio seguro? ¿Sabe que nunca hemos tramitado una devolución? ¿Ha decidido terminar por fin algo en su vida? ¿No puede esperar para ver si luego está Dios o el Limbo?
El porcentaje de mujeres que se suicida triplica al de los hombres. Las Tab Boutiques comenzaron siendo algo así como los nuevos sex-shops, y ahora ya son superficies vástamente iluminadas en pleno centro junto a Zaras y Multicines.
En marketing trabajaban también el absurdo (o lo viral);
¿Te han puesto hierros en los dientes? ¿La chica de la que estás enamorado no te hace caso y además se burla de ti? ¿Tus padres no te dejan salir los sábados? ¿Tu amigo imaginario te ha dicho que si no te suicidas les pasará algo terrible a tus seres queridos?
Nuestras dependientas te esperan en el centro Tab de tu ciudad para atenderte sea cual sea tu preferencia.

La publicidad se ha pasado también al minimalismo. Y a las calles. Vallas publicitarias con el logo rojo sobre un fondo blanco (las iniciales en cursiva), y encima, una frase. O una palabra:

¿Cáncer?

Y por supuesto artículos publicitarios polémicos a toda página en diarios y revistas;

Mi abuelo siempre me lo decía: Para lo que es la vida, yo me habría ahorrado treinta años. No es para tanto. La juventud, la mediana edad, la vejez… Objetivos cumplidos o que ya no podrás cumplir… Cómo quería a mi abuelo. Así que le acompañe a una de las Tab Boutiques, y una de las Tabettes enseguida nos puso al día. Tantos artículos y tan cuidados… Al cabo de dos días el abuelo ya estaba descansando en paz. ¡Y ya casi hemos convencido a la abuela!

Todo gracias a la diligencia de las Tabbetes y sus inteligentes consejos.

Gracias, Tab.

TB (Tu muerte en buenas manos)

Según Jonathan S. Cuthbert, al final ha vuelto a pasar. El suicidio ya no es más que otro negocio. Y el target de consumidores es tan amplio que viene a ser lo mismo que vender pan. Vender muerte no era nada nuevo; la innovación, como siempre, está en las formas, la superficie. Publicidad.

¿Segundo Aborto involuntario?

Antes sólo se mandaba a gente a la guerra. Ahora les decimos que la vida no tiene sentido. La cuestión es: ¿lo tiene? Hablamos de un mundo en el que nos invitan a morir por voluntad propia de un modo optimista, jóvenes o no. Ahora el Carpe Diem ya no sólo tiene que ver con seguir luchando, sino también con rendirse. Pero eso sí, con estilo, acudiendo a los mejores. Asesorándote de verdad.

¿Impotencia?

Todo sigue en sus raíles. Y todo el mundo se amolda. O al menos la mayoría. Sonríen y dicen: “Qué se le va a hacer”.
Para más inri, un día una Tabette se autodespide de la empresa al rememorar su entrevista de trabajo, y lo que ella consideró «penosas condiciones de contratación». Estaba dentro, pero acabó considerando más importante decirle al mundo con una carta enviada a la prensa, lo que el malvado personal de Tab Boutique hacía prometer a sus empleadas.
De entrada, un físico que no tuviera cabida en la foto de una marquesina, tampoco tenía cabida en Tab Boutique. Por otro lado, si querías ser una Tabette, tu contrato te obligaba a seguir viva al menos hasta el final del mismo, o su rescisión. Una Tabette no tiene derecho a suicidarse. La muchacha aludió en su carta que eso era como trabajar en una pastelería y que te prohibieran comer pasteles en tu tiempo libre. Eso era ser una esclava de la vida, y ella no quería ser una esclava. Si le daba por cortarse las venas estando aún contratada, Tab Boutique despediría a tres de las compañeras con las que tuviera más afinidad. Si tú te despeñabas tus amigas iban al paro.
Y no hay muchas mujeres que sepan lo importante que es tener una carta de recomendación de Tab Boutique. Haber pasado por ahí te convierte en la última sonrisa femenina que han visto muchos tíos. No es fácil que te vean con tu escote y tu encanto de azafata de vuelo, y que aún así no se retracten de comprar la cuerda, la pistola de diseño o la cuchilla de turno. No es fácil ser una Tabette. Después de eso, ser modelo o azafata de congresos es un peñazo. Todas las empleadas lo saben. No hay nada comparable a la mirada de un suicida, terminaba la carta de la chica, es honesta, pura, podría haberme casado con algunos de ellos sólo por esa verdad implícita en sus ojos ya puestos en el otro mundo. Pero no podía seguir con ello si no vivía la misma vida que ellos.

La fiesta oficial no tardó en instaurarse.
El día del suicida orgulloso Tab.
Cada 15 de septiembre.
Se decidió instaurar la fecha en septiembre al ser uno de los meses deprimentes por excelencia. El verano se acaba y normalmente lo que toca es volver al trabajo, o a seguir buscando trabajo. Lo que toca es volver a esclavizarse por una miseria. Afrontar otra vez la rutina que la mayoría de gente odia.
Cabe decir que, obviamente no todas las familias aceptan el hecho de que un miembro de la misma quiera morir. Pero aunque la eutanasia sigue siendo ilegal, obviamente ese día se celebra sobre todo alrededor de gente muy mayor, a veces enferma y a veces no.
La celebración consta de una cena cuya guinda final es un pastel de chocolate belga, normalmente con alguna inscripción como: Abuelo, te echaremos de menos, o Descansa en paz, etc., nunca nada muy sórdido.
Unas pocas familias se empeñan en disfrazar la celebración de fiesta de cumpleaños. Es el modo de no asustar al pequeño de la casa.
Y eso sí, el clímax llega cuando, ya en los cafés, se le entrega al suicida el producto Tab Boutique con el que podrá acabar con su sufrimiento; y todos, excepto los niños si los hay, acompañan al viejo o vieja al entorno adecuado según lo que la logística ídem requiera, para verlo morir mientras le dedican una sentida ovación con eufóricos aplausos y silbidos.

¿Tercera edad?

Y como en el post anterior se me olvidó, doble ración de tetas del día (con cameo especial de Oliver Stone)

Y como en el post anterior se me olvidó, doble ración de tetas del día (con cameo especial de Oliver Stone)

asi

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