Relato recuperado (12) – Día oficial en Librolandia

Me acuerdo del título del libro, pero luego recuerdo que es hora punta y se acercan las fiestas; y me topo con toda esa gente que solo pisa las librerías para comprar regalos. En la que entro, las tres o cuatro dependientas van de culo cobrando y envolviendo libros. Se agotan los rollos de papel de regalo. Las cubiertas de todos suelen tener sobrios diseños vagamente similares al de “Los pilares de la tierra” y sucedáneos, ves nombres recurrentes como Jorge Bucay o Federico Moccia por todos lados. Uno se pregunta cómo toda esta gente que apenas debe leer en todo el año, puede creer que un libro es el mejor regalo (y cuanto más gordo y de moda esté, mejor). De repente todo el mundo tiene amigos y familiares a los que les chifla leer, por lo que se ve no paran ni un momento; y aun así -parece ser- aún no han conseguido pasar de “La catedral del mar”. Aunque supongo que no todos esos superlectores tienen gustos tan neutros. Esto también me hace pensar en esos padres que antaño le compraban un videojuego al crío, y éste al desenvolverlo descubría que era de golf. Así deben sentirse algunos de esos amigos y familiares receptores del “sorpresivo” obsequio. Muchas personas deben creer que no se trata del libro, sino de Leer; como a quien le gusta el chocolate o el macramé; como si fuera lo mismo follarte a tu mujer que a tu vecina de veinte años.

Salgo de la librería y decido esperar un rato, a ver si con suerte se despeja un poco el asunto. Además no sé qué pensaría toda esta gente de mí al ver que compro el libro para leérmelo y no para regalarlo. De todas formas solo son las seis y media, y es muy difícil que dejen de llegar riadas de personas ansiosas por consumir para demostrar así el amor que sienten por sus allegados. Supongo que demostrarlo de otra forma menos material y más sincera sería mucho más farragoso que hacer media hora de cola para comprar una novela de misterio light.
Cuando voy por mi tercer cigarrillo seguido, la multitud sigue entrando y saliendo, y la librería siempre está llena; se me están quedando las manos heladas y me siento como un imbécil. Pero a la vez me entretengo viendo qué libros elige la gente, cómo los sopesan y hasta los huelen, algunos parecen estar eligiendo más un melón que un libro.
Propósitos para el año nuevo que se acerca: Seguir fumando. La leyes cada vez son más duras, y al parecer lo que antes era básicamente problema tuyo, ahora te convierte en un capullo de mierda que intoxica con peligro de muerte a hombres de bien, frágiles mujeres e inocentes bebés. Al ver a todas estas parejas casadas de cuarenta años perdidas y más bien desubicadas en la librería, no puedo pensar en otra cosa que en seguir fumando. Libros, café y tabaco van de la mano en lo que a mí respecta; añadiría también la prensa, y quizá las reuniones con amigos (aunque esto último es más complicado dados los depuradísimos hábitos de higiene de algunos, que incluyen el indignarse cuando la ropa les huele a tabaco igual que si les oliera a mierda de perro).
Doble y triple y cuádruple moral. A todos les encanta, todos quieren ser guardianes de la moral, del buen comportamiento, de “lo correcto”, lo que es válido y aceptable y lo que no. Etiquetas. El blanco o el negro. Grupos radicales potenciales: Al Qaeda, ETA, No-fumadores, Compradoras de ropa compulsivas, Adictos a las fiestas oficiales. El concepto Vida Sana a menudo convierte la existencia de muchos en el ensayo constante para una segunda vida que jamás vivirán. Y Bill Hicks dijo: “Son ustedes los que se mueren de nada los que están jodidos”.
El concepto de libertad imperante es ya tan voluble y ambiguo que el montón de libros de autoayuda de la autora suicidada Choi Yoon-Hee está desapareciendo. Imagina la cara del lector receptor del regalo, un libro de autoayuda escrito por alguien que se ha matado a sí misma hasta los huevos de vivir. Parece el resumen perfecto del mundo de la Felicidad Oficial; es un hecho que resume tantas cosas que me dan ganas de coger por la solapa a alguna de estas resoplantes criaturas ya imbuidas en la navidad, y preguntarle cuánto tiempo de cola ha hecho para comprar lo que haya comprado.

Cerebro lavado. Este concepto funciona en multitud de direcciones, se solapa y esconde, y a veces sencillamente está en nuestra puta cara, y aun así seguimos sonriendo y asintiendo. Esto ultimo es lo que cada vez se lleva más y mejor a la práctica, la convicción de que aunque lo que hagamos sea contradictorio, aunque nuestras propias opiniones choquen muchas veces de frente y sean como agua y aceite, nosotros somos el ejemplo a seguir. Claro que sí, qué más da. Con los tubos de escape soltando humo por la calle luego la ropa no me olerá mal, así que bien tendré que tener una opinión si me preguntan. No es una cuestión de coherencia, sino de tendencia. La catedral del mar. Europa. Cerebro lavado. Y ahora me pregunto yo por qué cuando no fumaba no me molestaba en absoluto el tabaco ajeno (y a nadie parecía molestarle especialmente) más de lo que me pueda molestar ahora que soy fumador en una habitación en exceso cargada. ¿Si no fuera fumador yo también me habría convertido en Miss Vida Supuéstamente Ejemplar?

La mayoría del tiempo me alegro de no saber la respuesta correcta. El caos tiene cierto encanto si tenemos en cuenta que nadie es inmortal. Cuando Vives más que preocuparte por el Vivirás, de repente un bar lleno de humo no tiene ninguna importancia. Es un ejemplo extrapolable a cientos de situaciones.
De golpe un tipo coge una escopeta y mata a su jefe, a un banquero y a no sé cuántos más. El tipo llevaba meses sin cobrar y el banco comenzó a putearle con una triquiñuela de sucursal; así que el hombre aguantó esos meses de palurdo obrero, y cuando se cansó cogió su escopeta. Y lo que te da cierta paz no es repetir una y otra vez lo trágico que es el suceso, o lo loco que debía estar el tío; lo que te podría dar cierta paz es preguntarte si eso no podría haberlo hecho cualquiera: si no somos violencia del mismo modo que somos vicio del mismo modo que somos muerte.
Quizá se pueden reordenar los instintos, pero nunca negarlos. Ese es seguramente uno de los mayores problemas, la negación a niveles incluso académicos; tíos y más tíos que salen con un diploma bajo el brazo y licencia para permitir que todo siga igual. Un montón de datos almacenados y una elegante línea más en el currículum. Pero en muchos casos, cero pensamientos propios.
Periodismo. Información. Ciencia. Y nunca sabes del todo si fiarte de ellos. Cada vez suena todo más distante. La sobreinformación es una bruma espesa que raramente deja entrever la verdad. El tono de los profesionales de la comunicación supuéstamente seria cada vez se parece más al de los políticos. Cada vez hay más profesionalización y menos profesionalidad. Alguien lo dijo, Inflación Académica. Todo el mundo tiene estudios pero nadie es un estudioso, todos tienen interés pero con prontitud casi todos pierden la ilusión.
Yo fumo y fumo en la puerta de la librería, y la gente pasa en un escena ya repetida cualquier año anterior en esta fechas. Nos movemos en bucle, nuestra felicidad debería estar a la par con nuestro nivel de raciocinio propio libre de dogmas y comportamientos impuestos por chantaje emocional. Yo no tengo ninguna escopeta en casa, pero ahora preguntar por la justicia es como intentar hablar con Dios.
Quiero ser Jorge Bucay. Quiero ser esa última señora que ha salido de la librería con uno de sus libros envuelto en un papel rojo y verde y plateado. Pero sólo quiero serlo en la superficie. Por dentro espero seguir hecho un puto lío, lleno de humo y sin saber si entrar o no para hacer cola.

Tetas del día (Modo Orwelliana nudista)

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2 pensamientos en “Relato recuperado (12) – Día oficial en Librolandia

  1. hola!
    he leído tu relato y me encantó demasiado; nunca creí que aun existiese gente tan liberal como tu. suerte y espero encontrar más de tus lecturas. SON ESPLENDOROSAS 🙂

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