Revoltijo (23)

Hoy he recordado cierta etapa mía como colaborador de cierta revista digital. Con la objetividad que se le presume a la perspectiva que da el tiempo, me apetece escribir unas líneas al respecto, ya que creo que ciertos incidentes de aquella etapa son significativos y dignos de análisis, y en muchos sentidos.

La revista marchaba con normalidad y a mí me encantaba estar en ella. Era uno de esos proyectos en los que nadie recibe un duro. Eso tan cacareado del Por amor al arte. Amor al arte, al menos en principio.
La cosa se violentó para mí cuando vi que uno de esos colaboradores publicaba reseñas musicales escuetas que no tenían valor más allá de la mera información (o más bien, enumeración). La clase de actualización que se hace en diarios digitales (o, de otro modo, en blogs) sencillamente para renovar las noticias cada diez minutos al día. Una forma de actualización que para mí puede tener sentido comercial en esos diarios, pero no en una revista en la que cada uno podía expresarse como le diera la gana, extenderse (o no), dar su visión, aportarle realmente algo al lector.
Entonces, pasado un buen tiempo en el que dicho colaborador seguía nada más que con (so)meras actualizaciones sin chicha alguna, una de las colaboradoras y yo decidimos dar nuestra opinión al respecto.
Al menos en mi caso, lo que realmente me parecía deprimente, era que en ese entorno totalmente libre para la expresión, hubiera quien se limitara a dejar su firma simplemente, quizá, por añadir un dato curricular más a su hoja de méritos. Algo que se me antojaba como pasar en avión por encima de la India, y luego decirle a todo el mundo que visitaste el país. Para mí era como ver a alguien desaprovechando su libertad, y encima probablamente siendo nada más que otra víctima más de la “titulitis”.
La excusa suele ser siempre la de que no hay tiempo; el muchacho no tenía tiempo para escribir nada mejor; pero eso sí, quería estar ahí…
Era otra vez la vieja historia del medio por encima del contenido. La vieja historia del profesional por encima de la persona. De la actualización por encima de la opinión. Y de la “responsabilidad” por encima de las tripas y el corazón. Una clase de actitud que, lo siento, pero yo no valoro en absoluto. Ha de haber, al menos, cierto equilibrio.

Otra cosa que me parecía significativa era que la compañera que junto a mí se quejó de dicha colaboración, fuera de mi misma edad (rondando los 30), y que el resto anduvieran más cerca de los 20 (si no me equivoco). Quizá tanto ella como yo ya habíamos conocido a la suficiente gente así como para comenzar a estar hartos de ellos. La clase de “buen chico”, o de “chica responsable”, que en realidad parece más bien estar luchando no por ser libre y expresarse, sino por adaptarse a lo que sea que haya y ser amigo/a de todo el mundo (cosa imposible si uno es algo más que un autómata de la vida; y más aún si quiere escribir).

Así pues, llegó el día en que la cosa explotó. Y estoy seguro de que la mayoría de colaboradores no entendieron nada, así como tampoco los amigos que salieron (como es lógico) en defensa del reseñista en cuestión. La cosa desembocó en una especie de tonto “linchamiento” público por parte mía y de mi compañera cuando intentamos señalar a ese colaborador que no se “curraba” sus colaboraciones. Lo que decíamos, para no alargarme, era que el muchacho no debía limitarse a actualizar, sino que debía ir un poco más allá (obviamente decir entonces todo lo que digo más arriba hubiera resultado demasiado atonal; tenía que intentar resultar más llano, más… ¿profesional?, y en absoluto un romántico de las letras ni nada por el estilo; lo cual solo me hubiera hecho quedar como un pedante en ese hilo (si no lo resulto ya en este post)).
Todo lo dicho en ese hilo de discusión se salió de madre, y comenzaron a volar insultos. Seguramente tanto yo como mi compañera de opinión quedamos como unos capullos que no sabían entender que el muchacho estaba colaborando gratis (o sea, tomándose, al parecer, la molestia …), y que no tenía tiempo para escribir largos artículos y demás. Lo cierto es que, una vez enfriado el asunto, sigo opinando lo mismo que entonces, y mis motivos han quedado más arriba expuestos. Si en esta vida tienes a la chica que supuestamente te gusta desnuda y dispuesta y solo le tocas una teta y te largas, es problema tuyo. Y si no tienes tiempo para ella, quizá sea mejor que ni quedes con ella.

Dicho esto, cabe dejar claro que seguro que el chaval no se merecía los “ataques” de los que fue “víctima” en aquel hilo final de discusión. O más bien dicho, seguro que no los merecía con tanta contundencia (aunque él tampoco se quedó corto). Por ello le pido perdón si llega a leer esto. De todos modos no me retracto de nada de lo dicho antes.
Para ser sincero, lo único que de verdad me supo mal, es que quien hacía de editora de la revista (una persona que en sí es una debilidad mía), tuviera que mediar en todo aquel asunto desagradable.

Tetas del día (modo totalmente desvergonzado y antiprofesional)

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4 pensamientos en “Revoltijo (23)

  1. La verdad es que yo me sentí estafada, pero al mismo tiempo orgullosa de que algo que yo había escrito saliera a la luz junto a algo que habíais escrito gente como tú o como “la editora”, bastante por encima del resto. Pero no tenían ningún sentido esas minientradas que no decían nada, mientras el resto se curraban sus artículos como si les pagasen por ello.

    • Quizá cierta compañera y yo reaccionaramos mal, en cuanto al tono. Pero era un indignación real, no era por linchar a nadie. Lo que no me gustaba era que tuviera lugar en la revista alguien que no aportaba nada más que fichas. Me parece bien que no tuviera tiempo, pero no lo de querer estra ahí simplemente para figurar como colaborador. Se suponía que era una oportunidad de aportar cosas con ilusión, cosa que por otro lado casi todos hacíamos (de ahí que ver a uno como figurante acreditado …)
      En todo caso la experiéncia en general estuvo muy bien.

  2. Hubo un hilo de esos estúpidos en facebook, en los que se calienta el ambiente. Yo creo que no se entendieron mucho los argumentos míos y de otra colaboradora, porque la tendéncia era la de “pobre chaval, no tiene tiempo, y encima que colabora os metéis con él”, etc. Aunque se le había avisado ya muchas veces. De todas formas tengo bastante claro que yo quedé fatal, de hecho la revista se reiniciará en algún momento y estoy bastante seguro que de a mí no se me pedirá colaboración alguna para nada… Pero bueno ya estoy bastante acostumbrado a cosas así 🙂

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