Revoltijo (22)

Suele darse muy a menudo entre las personas (en cualquier tipo de relación), esa situación en la que las cosas se deterioran por lo que sea, y una de las partes pasa a ser la que intenta librarse de la otra, y la otra necesita a veces mucho tiempo para darse cuenta de que ya no es requerida (ni querida). De hecho, muchas veces seguramente la parte que intenta librarse de la otra ni tan siquiera se da cuenta de lo que está intentando; aunque las señales en lo que hace suelen ser obvias (amistosa limosna, saludos puntuales con la esperanza de quitarse de encima a la otra parte durante un tiempo, etc.). La parte no requerida, sin embargo, se acaba dando cuenta, sintiendo a continuación, obviamente, la clásica humillación de quien ya no encaja en el grupo, o en esa órbita de amistad, relación, o en lo que sea, que ella aún valoraba y tenía en alta estima.
Supongo que la moralina es: Infla mejor tu autoestima y procura no encariñarte de nadie demasiado; así al menos cuando te hagan el vacío te darás cuenta antes. O mejor aún, vuélvete un poco más cabrón y sé siempre la parte dominante (creo que es lo que algunos llamarían madurar). Pero ni que decir tiene que esto último es algo que yo jamás haré, prefiero aquello que dijo Chuck Palahniuk:

“Si se plantea la opción entre que no te quiera nadie o bien ser vulnerable, sensible y emocional, entonces quedaos vuestro amor.”
Fin de esto.

Hoy hojeo los diarios después de la dimisión de Esperanza Aguirre, y me encuentro con declaraciones que hablan de una gran estadista, una política deslenguada y cruda, una dura rival, etc. Eran, claro, los comentarios supuestamente positivos sobre ella. Los cuales me han sorprendido bastante, ya que todos esos supuestos halagos describían más bien lo contrario a lo que yo creo que debe ser un político. Es decir, humilde y consciente de que es “sencillamente” un gestor, un administrador (y no el puto jefe de nadie que se pasa por el forro al pueblo).
En fin, es una gran noticia para los madrileños y para la política nacional en general. Queda claro además que no se sabe por qué ha dimitido, ya que esta tía desde luego por vergüenza de gestión no iba a dejar cargo alguno. Si una cosa nunca ha tenido es vergüenza, y de hecho está bastante claro que es el perfil de hija de puta “emprendedora” que llega a ocupar cargos de poder en esta sociedad tal y como aún funciona. Treinta años calentando sillas y diciendo gilipolleces de chulapollas, tomando medidas sin tener en cuenta al pueblo y controlando el contenido de Telemadrid, entre muchas otras perlas. Ahora que la aguanten sus hijos y sus siete hermanos.

Tetas del día (modo menor… ¿siliconada?)

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