Revoltijo (17)

Releo “En la carretera” de Kerouac y lo disfruto mucho más que cuando lo leí por primera vez allá cuando tenía 19 o 20 años. Personalmente creo que, en cuanto a actividades que solo dependen de uno mismo, no hay nada que me haga desconectar y disfrutar más y mejor que un libro que me guste. Me pasa algo parecido con el cine, pero mi cabeza divaga con más facilidad, las preocupaciones me interrumpen mucho más a menudo que leyendo. Leer es un placer que además jamás te abandona (a no ser que lo abandones tú), siempre funciona. Creo que leer es algo mil veces más enriquecedor que tratar con la gran mayoría de personas (y por muy fuerte que suene eso, creo que cualquiera que lea con regularidad por elección propia puede entenderme muy bien).

Hoy me pongo a ver un partido de fútbol (¿importa el que es?), y recuerdo la etapa de mi vida entre los 7 años y los 15 (más o menos) en la que el fútbol era lo que más me importaba con mucha diferencia. Sufría como un cabrón con los partidos de mi equipo. Me pasaba meses esperando una “gran cita deportiva”. Y luego me fui dando cuenta de que, da igual lo que pasara en el partido, cuando acababa y amanecía al día siguiente, aquello no me había aportado absolutamente nada. Se me quedaba cara de tonto; y no digamos ya si el encuentro se resolvía con un empate a cero…
Y sí, ya sé que hay muchos placeres que no aportan nada más allá de la emoción del momento (por decirlo así), pero creo que el fútbol se lleva la palma aquí en cuanto a placer efímero e inútil casi en todos los sentidos.
(Que en España sea lo que levanta más pasiones creo que es bastante significativo…)
Primero dejé de ver todos los partidos que daban por la tele (es decir, que veo algunos pero el 95% no). Luego dejé de consumir programas y diarios deportivos (ahora me dan un asco increíble). Y luego me aficioné de verdad a leer y al cine. Es decir, descoloqué a todos, porque no era buen estudiante pero leía por mi cuenta, y hasta con el tiempo a mis padres les llegó a “preocupar” que ya no quisiera ver cualquier partido que estuvieran dando en la tele.
Una película que me gustara de verdad se me quedaba en la cabeza, y cuando la volvía a ver la disfrutaba incluso más. Nunca tenía sensación alguna de bajón después, ni tampoco con un libro. No es que una película o un libro no pudieran decepcionarte, pero para nada eso hacía que me cabreara, no existía esa irritante sensación de «y ahora qué» al día siguiente; no me sentía como un gilipollas por haberme entregado tanto a algo que era tan ajeno a mí. No había nada absurdo ni fuera de lugar en el proceso como consumidor; algo que sí me lo empezó a parecer con el fútbol, y de un modo muy intenso.
En las pasadas olimpiadas un atleta (no recuerdo quién) dijo que el fútbol no debería ser olímpico. Creo que hacía mucho que no oía una opinión tan acertada. Alegaba, entre otras cosas, que no iban los mejores jugadores a competir, y, sobre todo, que era un deporte en el que los futbolistas fingían, hacían trampa, etc.
¿Alguien puede discutir que entre los deportes mayoritarios es seguro el que cuenta con más idiotas (en todos los sentidos) por metro cuadrado en el terreno de juego?

Ahora cuando veo un partido, hago como en las películas, apago la tele justo con el pitido del final. Intento disfrutar del partido (si el partido se deja), y evito a toda costa el periodismo deportivo, al que ya hace mucho que sitúo muy poco por encima del “periodismo” del corazón. (Por cierto, ¿por qué mucha gente que ve programas del corazón sigue diciendo eso de que en realidad todos los vemos pero no lo queremos reconocer?… pero si son UNA PUTA MIERDA, JODER…)

Tetas del día (…la segunda pasión de algunos)

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2 pensamientos en “Revoltijo (17)

  1. Bua, el dichoso fútbol, yo entiendo perfectamente que haya gente que le guste, que le entretenga mientras lo ve, pero eso de hacer el indio cuando van perdiendo o meterse con los grupos que no son el tuyo… como todo en la vida, los extremos y radicalismos son malos (es solo mi opinión)
    Con respecto a la prensa del corazón, venga hombre, pero si es como ver una pelea de chonis en tu barrio, todos diciendo gilipolleces al mismo tiempo y sin sacar nada en claro, bueno sí, que has perdido varias neuronas en el transcurso audiovisual. Menuda cara me pone a mí la gente cuando no sé quién es el 99% de los famosetes que salen en las revistas y la tele, como si ese conocimiento social te hiciese mejor persona (o peor aún) más “culto” ¬¬
    Leer te transporta y evade, te enseña y educa 😛
    Un beso mi chicoooooo!!!!

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