Revoltijo (15)

Puede que la rambla de Terrassa valga la pena ya solo por cierta camarera, a la cual el adjetivo que mejor la define es Encantadora.

En esa misma terraza he estado leyendo en El País una entrevista a Antonio Gala, escritor del cual no he leído ningún libro, pero que suele explicarse muy bien en las entrevistas. Además, con el arrojo que supongo te da la edad, no duda en reconocer ciertos sentimientos y rasgos de personalidad propios.
Comenta algo con lo que me he sentido identificado, y es la facilidad con que le afectan cosas o detalles de la vida y las relaciones humanas que parece que a los demás casi les resbalen. Pasan página sea con lo que sea con una presunta fortaleza que a mí me ha hecho sentir muchas veces como alguien demasiado sensible incluso para simplemente ir tirando.
Añade además otra cosa interesante sobre esa gente tan fuerte, tan capaz de pasar de cosas y personas y seguir adelante (en apariencia) como si nada: en muchos casos es mejor no fiarse de ellos.

Me ha resultado muy difícil imaginar por ejemplo a la camarera antes mencionada ir por la vida con esos niveles de “dignidad”. Lo de llevar una coraza, muchas personas lo han convertido en su modo de vida, y eso se ha traducido –a más años cumplían– en frías personalidades, analíticas, y tan de pose que ya mucha gente no se fía ni de los halagos y consideran que una mera opinión distinta es directamente un ataque personal.
Es como si todo el discurso sobre lo duros e independientes que hemos de ser, sobre lo Respetables que hemos de ser, nos hubiera convertido en seres insensibles para con los demás hasta un punto que al menos a mí se me hace bastante incomprensible. Sin duda han ayudado los formalismos; ellos han tapado toda esa insensibilidad con saludos de rigor y protocolos. Eso que se hace tanto, lo de contestar a alguien sencillamente para quitártelo de encima. Lo de saludar y sonreír para coger desvíos “seguros”.
Creo que sin duda tiene que haber un término medio entre la descortesía y el peloteo sin necesidad de ser fríos, falsos o hasta desagradables para con los demás. Seguramente la educación que recibimos no ayuda…
De ahí que cuando veo a alguien que parece amable y buena persona de verdad conmigo aunque no me conozca de nada, eso me hace pensar en lo lamentables, egoístas e interesados que somos en líneas generales. Las personas buenas no deberían destacarse tanto en el grupo, no es una buena señal.
Y como bien decía también Antonio Gala en la entrevista, el Sentido Común no es algo nada común.

Tetas del día (modo (re)tocado con pajarita)

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Un pensamiento en “Revoltijo (15)

  1. Me pasa lo mismo con Gala. No he leído ninguna de sus novelas, pero mi psicólogo es muy buen amigo suyo y nos suele traer cosas suyas, entrevistas y demás para ponérnoslo de ejemplo. Es un hombre interesantísimo.

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