Revoltijo (9)

Mi ordenador es ya un muerto viviente…

Normalmente cuando hay bajón por algo suele ser entre las diez y las doce de la noche.
A veces el mejor modo de alejar a alguien es decirle que le quieres y le echas de menos (¿estamos tan acostumbrados a relaciones de amistad –o de cualquier otro tipo– impostadas, que las de verdad comienzan a ser demasiado incómodas?) Es curioso cómo eso de que pasen de ti normalmente es más una ventaja; en la que, eso sí, la excepción te puede hacer mucho daño.

He acabado de leer “El arco iris de gravedad”, de Thomas Pynchon, y creo que muchos lectores potenciales lo hubieran dejado en la página 50 (tiene más de mil cien). Pero algo extraño me impulsaba a seguir leyendo. Obviamente sobre todo el hecho de que a ratos me fascinaba. Y cuando lo llevas avanzado te acostumbras a ir a la zaga, a sabiendas de que hay cosas que no estás captando. La trama, o más bien el estilo narrativo, tiene constantemente esa dispersión, diría, a lo beatnik, en la que en un mismo párrafo el autor cambia totalmente de tema y comienza a contarte otra cosa. La historia (o historias) se ramifica en todas direcciones, creando una suerte de collage que hay que asumir y aceptar cuanto antes como la verdadera naturaleza del texto si no se quiere llegar a la desesperación. Es decir, no intentes encajarlo todo en el momento, disfruta del párrafo que estés leyendo, porque está claro que no estás leyendo un libro “convencional” que te va a acabar dando respuestas.
A todo ese follón narrativo (que en cualquier caso cuando no crees que deba ser de otra forma; es decir, que resulta sólido), hay que sumarle las decenas de personajes que aparecen, y que si no se da una continuidad lectora importante al libro te pueden volver aún más loco (incluso leyéndolo muy de seguido no es fácil).
Algo más. Lo que te rompe ya definitivamente, es que el señor Pynchon no tiene ningún reparo en describir todo tipo de tecnicismos relacionados, por ejemplo, con la física termonuclear, las matemáticas en general y la cohetería en particular. Se mezclan también lo que reduciremos generalizando a fenómenos sobrenaturales con racionalidad pura y dura, y todo parece concebido para intentar dar una explicación relacionada con que todo está enlazado, con que todo guarda relación con todo. TODO.
Vamos, una lectura de verano.

Ya había leído “Vicio propio” de Pynchon, pero nada que ver (cosa que sabía por lo que me habían dicho). Y ahora tengo esperando “Mason y Dixon” (más de 900 páginas). Pero necesito un respiro del amigo Thomas.

Ya sé que ha sonado todo fatal. Pero en serio, es un autor fascinante.
Stop.

Algo que me ha rondado la cabeza. ¿Es posible la elección propia? Y en relación con eso, ¿puede ser que cuanto menos posible sea, más fácil resulte que todo se tuerza?
El sacrificio es igual a recompensa, pero ¿no estaremos enfocando mal los esfuerzos?
¿Puede ser que llevemos dos siglos equivocados respecto a ciertos paradigmas sobre cómo hay que… cómo hay que hacer que… cómo hay que tratar de… ETC?
¿Puede ser que tengamos un concepto de saldo sobre la felicidad? ¿Un concepto que nos han vendido al estilo “1984”?
Y, como decía un contacto de facebook, ¿cuando llegue el día en que comiencen a matarles y no sea por terrorismo ni por nacionalismos ni nada por el estilo, sino simplemente por pura desesperación y furia (justificadas), cómo reaccionaremos? ¿Cómo se siente pena por según quién? ¿Cómo se condena según qué clase de violencia? Quiero decir, de verdad. ¿Alguien se acuerda de lo que es la empatía? Si uno sabe ponerse en el lugar de otras personas, ¿cómo puede culparles llegado el momento?

Tetas del día (modo Simón)

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Un pensamiento en “Revoltijo (9)

  1. aquí se presenta un lector de contraluz y, hablando de pajas mentales, de la broma infinita. A estas alturas no sé si son dos obras cumbres de la literatura o una especie de locura colectiva. Pero han cambiado mi forma de entender la literatura, y eso es algo que no se puede decir de cualquier libro, ¿no?

    tema empatia, por suerte o por desgracia hacerme viejo me ha hecho entender cada vez más cosas. Entiendo quien tira su vida al abismo y se lleva lo que pilla por delante, entiendo el que tortura y al que es torturado, entiendo tantas cosas que, la verdad, no entiendo nada. ¿sabes? creo que todos tenemos mucho que perder, y por eso somos ovejas calladas y obedientes, y tanto se han acostumbrado a eso que han dejado de tenernos miedo. Nos siguen robando cosas pensando que nunca saltaremos, y lo peor es que quizás sea cierto…

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