Relato recuperado (3)

Esto no está pasando

El hecho de que mi prima de diecinueve años esté ahora en mi ducha usando mi gel y -dios santo- mi toalla, no es porque yo haya estado poniendo su nombre en Google últimamente, ni rastreando en sus cuentas por las redes sociales. Ni tan siquiera porque lleváramos mucho tiempo teniendo conversaciones por Internet con webcam. No es por eso, eso no tiene importancia. Ni el hecho de que últimamente ella pareciera estar insinuándose o que hace una semana me llegara un paquete extraño color rosa dentro del cual había una bolsita con unas bragas suyas. Todo eso no tiene, no es… no tiene relevancia. Y tampoco la tiene que ella tenga trece años menos que yo y quince menos que mi mujer (que-se-quiere-casar-y-cree-que-yo-estoy-de-acuerdo-porque-no-le-he-dado-pie-para-pensar-lo-contrario). Vamos, que no es la edad (la cual incluye todas las partes del cuerpo y su aspecto por las mañanas), ni que sea una chica más tierna y más, como dicen los finolis, juguetona. No creo, la verdad, que todo eso influya de un modo relevante. Ni tan siquiera la idea del incesto. No creo que sea por el incesto, en serio; aunque cada vez que pienso en la palabra incesto me cuesta un buen rato dejar de pensar en ella. Investigando por la red, las fantasías de incesto suelen ser más entre hermanos; entre primos sólo pasa cuando quien ha escrito el relato o la introducción del video quiere darle un tono más… ¿realista? O sea, que no, no creo que sea el incesto lo que… No hay motivo para pensar que… Aunque si digo la verdad la idea de que la toalla con la que ella se va a secar cuando acabe de ducharse va a quedarse en el piso tal que así… Pero eso tampoco… no soy particularmente fetichista. Lo extraño es que con mi antes-novia no pasaba esto. La conocí durante mucho tiempo antes de llegar a tocarle una teta; pero no pasaba esto, o al menos no estrictamente; al día siguiente no había gotas resecas de semen en mi cama o en algún sillón de haber estado, digamos, pensando en ella. Así que el motivo por el que ahora mi prima de diecinueve años está aún duchándose en mi piso con mi mujer a unos quinientos kilómetros “trabajando” o por un congreso o algo parecido, no es que yo esté anormalmente salido. Esto no pasa porque la posibilidad de metérsela a cuatro patas y a lo bestia provocando ese “plop-plop-plop” húmedo de quien agarra por el pelo a la chica para embestir más fuerte, sea algo con lo que haya fantaseando como opción real en absoluto. Yo no soy de ésos. Bueno, lo soy, pero como todo el mundo, a un nivel inocente de, digamos, “Mundo Interior”. Yo, como todos dicen, no hago esas cosas. No es que crea que ella pueda haber planeado que quizá viniendo a mi piso se podría dar la situación de que la abordara o la arrinconara, a mi pobre prima recién entrada en la edad adulta, y que escribe cosas en las redes sociales como “hoy me he puesto mala mirando al profesor de antropología”, o, “este fin de semana voy tan salida que en una habitación oscura me tiraría hasta a mi padre”. No es que yo piense que la chica es de las que podría usar el cambio de marchas como consolador. Ahora mismo no está secando su cuerpo no-llegado a la veintena en mi cuarto de baño porque yo hace unos días me la machacara tantas veces seguidas viendo una foto suya que acabó saliéndome sangre. No. Sé perfectamente separar mis fantasías de la realidad. Es algo que hago con naturalidad. Soy otro tío felizmente casado. Nada más. Aún joven. Está bien, a veces tengo mis momentos de, digamos, huir de la realidad; pero creo que es bastante sano. Es cierto que he llegado a pensar en que quizá tenga un desorden obsesivo compulsivo en relación a la posibilidad de follarme a mi prima cada vez que mi mujer está lo suficientemente lejos. Pero eh, soy humano, y las demás mujeres siguen existiendo. Incluso la hija de la hermana de mi madre. Qué se le va a hacer, ella es joven y guapa, y yo tengo pene y sangre corriendo por las venas. Esto no es nada de lo que preocuparse. Y repito, no, ella no está aquí por la visión que tengo ahora de mi toalla liada a su cuerpo mientras se seca el pelo a medio metro de mí con el secador de mi mujer (a-la-que-quiero-pese-a-no-querer-tener-hijos-con-ella-ni-con-nadie). Pero querer a alguien es una cosa, y no morder la manzana cuando te la ponen en las narices es otra bien distinta. Puede ser una mera cuestión de estadística. Y sigue siéndolo obviamente cuando mi prima, ahora, a ocho meses de cumplir los veinte, se quita mi toalla y la tira lejos y comienza a desabotonarme, desabrocharme, etcétera.

Y después, cuando me la está chupando mejor aún de lo que yo imaginaba, esto sigue sin ser parte de un plan, yo no había pensado en esto dentro de un contexto real. Esto está pasando y la sangre ya está fluyendo en la dirección que fluye cuando una mujer tiene tu polla tan adentro en la boca que le entran arcadas. Vale, yo, como he dicho, y como todos dicen, No Hago Estas Cosas.
Pero.
Estas Cosas Pasan. E insisto en que hoy mi única intención respecto a mi prima era, como mucho, la de ofrecerle cena y una cama. Esto, de verdad, no tiene nada que ver con el hecho de que llevo como cinco meses cascándomela en el lavabo si mi mujer estaba en casa para luego decirle Hoy no me apetece, cariño. Nunca he cruzado esta puerta. Y por más que me guste cómo me cabalga la chica ahora en este sillón en el que nunca lo he hecho con mi mujer, no, ahora esta acción no es en absoluto parte de un adulterio pensado con mucha antelación. De hecho, aunque técnicamente esté disfrutando como un cabrón, realmente Esto No Está Pasando. Porque yo soy yo y la chica a la que ahora le chupo los pezones es mi prima. De la que tengo recuerdos de cuando solo era una cría y jugaba con ella a la pelota en la casa de verano de mis tíos y yo era mayor y todos me veían como al primo mayor perfecto para “entretener a la niña”. Cosa que, vale, ahora es un recuerdo que no hace más que, si soy sincero, ponerme más cachondo aún. Mientras la estoy enculando ya está decidido que bueno, no quería esto, pero esto efectivamente Es Lo Que Hay. Esto es Verdad, pero la Verdad Oficial futura consta de la información a la que más credibilidad puedes incorporar, y no necesariamente de lo que haya pasado o dejado de pasar. Lo cierto es que la realidad a menudo es algo meramente anecdótico, cosas que se saben en grupos de dos y de tres, y muchas veces sólo a nivel individual.
Todo eso me tranquiliza, y el sexo con esta chica que ya no es una niña correteando mucho antes de su primera regla, es cada vez mejor y mejor. La calefacción está demasiado alta y sudamos y, en todo caso, lo más preocupante, es que para alargarlo, para evitar correrme, el pensamiento más eficaz es una instantánea ya potencialmente distópica de mi mujer en una sala de partos.

Tetas del día (modo Amanda)

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