Revoltijo (5)

Segunda actualización de hoy de este blog-metralleta llamado Tetas (sobre todo para mis pobres contactos de Facebook, que ven allí cada enlace…)

Hace poco veo en una serie esa escena recurrente en la que una adolescente se va de fiesta y antes de salir de casa es reprendida por su padre por el modo en que va vestida (o desvestida). Y por primera vez sé ver esa situación desde otro ángulo.
El padre le dice que vestida así está enviando un mensaje erróneo. Le dice que es una buena estudiante, una buena chica y que está orgulloso de ella, que no necesita llamar la atención así, porque además así –y esto es lo más importante– seguramente va a atraer a los chicos más estúpidos.
Y yo pensé: Coño, no le falta razón…
Por primera vez, en lugar de ver a una chica libre y a un padre anticuado o sobreprotector, veo algo muy distinto.
Lo cual me ha llevado a otro pensamiento.
Es muy cierto que la clase de tío que entrará a una mujer vestida de determinada manera, muy probablemente será el menos fiable y más gilipollas del lugar.
Es decir, el tío que más seguro estará de sí mismo… ¿?

O sea, que ¿el tío que más seguro está de sí mismo es el más gilipollas?
De repente eso choca con la idea que nos venden siempre sobre cómo hay que ser en parte. Vale, obviamente no todos los tíos que son así han de ser gilipollas. Pero reconozcamos que la posibilidad no es precisamente remota.
Es una cuestión de poder.

¿No os hace pensar esto en banqueros y políticos?

Hace poco leo un fragmento de Douglas Adams en el que dice que cualquiera que diga de sí mismo que puede ser presidente y que lo va a hacer de puta madre como presidente, pues bien, no habría que dejarle en ningún caso ascender al poder.
Veamos el «poder» como metáfora de la chica de taconazos, escote, piernas al aire y suficiente maquillaje como para que parezca que si intentas besarla acabarás en Matrix o en el mundo de OZ.
Fin de esto.

Hace un calor de narices. A veces hace tanto calor que hablar del tiempo no es una pose imitación de simpatía de ascensor.

Formulo otra pregunta. ¿Un tío que trabaja como reponedor simplemente para pagar el alquiler, pero que en su tiempo libre pinta cuadros porque le encanta y le llena pintar cuadros aunque no gane un duro con ellos (le interese eso o no), qué es, reponedor o pintor?
Pues bien, yo creo que la cosa siempre anda muy jodida a muchos niveles porque la mayoría de gente, sin pensarlo en absoluto, respondería Reponedor.
Capitalizar absolutamente todo lo que tiene que ver con la identidad de una persona, ése es el punto al que hemos llegado.

¡Nihilista!, diréis algunos, ¡no es así!, ¡yo no soy solo un puñado (pequeño) de billetes!
Hace poco vi una entrevista demoledora a Álex de la Iglesia, tipo al que admiro, y que tras haber sido Presidente de la Academia de Cine y haber dimitido, creo que ha sufrido de modo directo en sus carnes de qué va todo esto.
Se habla siempre del dinero como uno de los ingredientes de la vida. Y en otros apartados están el Amor, la Familia, etc. Pero lo que Álex venía a decir es que no es así, y que por eso todo puede ser una mierda. Lo que venía a decir de un modo incluso más duro –y a propósito de su última película (“La chispa de la vida”)–, es que ahora mismo es posible que incluso para las demás personas (las que en teoría te quieren) seas lo mismo que eres para un banco. Si no tienes solvencia ni crédito, no hay nada que hacer. Se acaba lo material, se puede acabar hasta el amor, la familia, y absolutamente todo.
Visto así, y si a ti no te importa todo este rollo, alimenta tu autoestima como sea, conformate, jódete y vete a por la chica desvestida mientas puedas, reponedor de mierda…

Más Tetas del día (modo imán para gilipollas)

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2 pensamientos en “Revoltijo (5)

  1. Mientras miraba ‘tus’ tetas, me he acordado del secreto de donde las sacabas. Y acto seguido, me he puesto a buscarlo por google. Y joder, he visto cosas… extrañas cosas, muchachas de dos pares de tetas, tetas enormes que me recordaron a un capítulo de South Park del cáncer de testículos, donde iban botando sobre sus huevos para llegar a los sitios (pues creo que con esas tetas también se podría hacer) y por último… hasta las tetas de la Merkel (bueno, solo el escote, pero aah…).

    Uf. Un trauma en un momento, vaya.

    Creo que depende en qué ambiente te mueves. Por ejemplo, yo me olvidaría de pretender ligar con alguien ‘decente’ (en el sentido de tirártelo en una noche y que no piense sólo en su propio placer y se corra a los dos minutos -ni cabe decir de buscar al hombre ideal-) en la típica discoteca de música house, comercial, reggaeton (si está mal, es que se me ha olvidado como se escribe)… Me fiaría más de alguien con un mínimo de gusto musical. E incluso me atrevería a decir que en esos otros lugares, menos comerciales, si las chavalas van con escote es porque les apetece ponérselo y no sólo para exponer la mercancía. Pero estamos generalizando, por supuesto.

    Sobre la segunda cuestión, me estoy leyendo un libro muy chulo al respecto ‘Al infierno con la cultura’, de Herbert Read. Entre otras cosas, también viene a decir lo de que no somos mercancía.

    • A ver, en lo de ligar se pueden dar mil situaciones y contextos, pero en un ambiente típico de ligoteo y con gente muy joven (tipo ejemplo que comento en el post), yo creo que al generalizar diciendo que es fácil que a la chica que enseña más le entren los más gilipollas, uno no va desencaminado.

      Me apunto eso del libro, me gustaría encontrar más libros que hablen de eso.

      Gracias por leer 🙂

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